Abrir el corazón
Si no hay corazón, si no hay amor, que no haya nada. Edición #59 de Belleza que salva.
Uf. Escribo este correo con el corazón más abierto que nunca, después de una de esas sesiones de terapia que te dejan hecha una gelatina.
Apenas abro mi computadora y escribo (la forma que sigo encontrando de salvarme incluso en medio del derrumbe), leo el correo que escribió Cory Muscara, mi guía de meditación, sobre abrir el corazón, y me desarmo un poco más.
Muscara cumplió ayer 36 años y escribió una lista de 36 aprendizajes (igual que yo), que encontró en muchísimos años de acompañar personas a abrir el corazón (y me dejaron tan vulnerable como esta sesión de terapia).

Abrir el corazón es el acto de valentía más grande que tuve que hacer, después de muchos años de no poder permitirme sentir nada porque era demasiado difícil.
Nací en una casa que me cuidó a su forma durante los primeros años de mi vida. Después, todo se rompió en muchos pedazos, y yo también. Sentir se volvió imposible, en especial para una nena hipersensible como era yo, que lo sentía t-o-d-o.
Aprendí, desde muy chiquita, que sentir estaba mal, que ser yo no era lo esperable, y que calladita y bien compuesta era mejor. Y así quedé, en ese modo iceberg-imposible-sentir-nada-o-te-autodestruís durante muchísimos años, tapando de miles de maneras a mi corazón y a la posibilidad real de sentir.
Cuando hace algunos años empecé el proceso de derretir ese iceberg, el mundo se me cayó encima. No era un iceberg, era un glaciar del tamaño del lago Nahuel Huapi, y ni con todo el equipamiento encima iba a poder derretir todo ese hielo en poco tiempo.
El proceso llevó años, muchos muchos años, y no terminó. En cada sesión de terapia, en cada cita conmigo misma con mi cuaderno, en cada meditación para abrir el corazón, pico un poco más de ese iceberg y algo interno se ablanda.
Pero aunque mi corazón dentro de todo eso esté intacto, todavía no llego directamente a él sino a través de pequeños retazos: el olor del cuellito de mi hija cuando recién se despierta, un atardecer rosado desde el balcón de mi casa, una conversación muy larga con una amiga hermana, un poema que se dispara como una flecha y me deja temblando.
Son las bellezas que me salvan. Y no es tanto que me salven, en realidad, sino que me acercan, un centímetro a la vez, a ese corazón tan frágil y tan escondido, cuyo trabajo de abrir me va a llevar toda la vida.
Yo sé que el trabajo que hago con otras, con otros, es parecido a ese trabajo que hago conmigo. Lo sé porque lo veo cuando sucede.
Ayer, por ejemplo, di un workshop de escritura para quince mujeres en Madrid. Empecé picando despacito, con ejercicios de conexión, de entrar en canal, de bajar el ruido externo, de amplificar la voz interior, seguí con preguntas reales, incisivas, que no nos hacemos todos los días, y después con los mensajes divinos y oraculares, esas señales que nos conectan con lo intuitivo del corazón, mientras compartíamos y conectábamos con otras en un espacio seguro, donde ya no estábamos solas.
Una hora después de haber empezado, los corazones ya estaban vivos, disponibles, abiertos, listos para ser escuchados. Salieron las lágrimas, los deseos reales, las respuestas que durante mucho tiempo escuchamos pero a las que no hacemos caso.
El hielo se derrite, el corazón se deja ver, se abre. Y aparece la magia. Podemos ser vulnerables y fuertes, podemos ser creadoras y artistas, podemos hacerle caso al corazón y confiar en que nos va a guiar bien.
Abrir el corazón es un acto de valentía, lo digo otra vez. Es el acto de amor más grande que podemos hacernos a nosotros y a los demás. Es confiar en que lo que somos está bien, en que es seguro ser quienes somos y mostrárselo al mundo, en que podemos “ser” (y ser amadas también).
El corazón, cuando se siente visto, late más fuerte y te guía. A veces a tomar decisiones difíciles que parecen imposibles. A veces a sentir en serio eso que no estabas preparada antes para sentir. A veces para caerte de rodillas y llorar como si no hubiera un mañana. Pero, sobre todo, a confiar en la vida. En que estás sostenida, desde que naciste, por ese corazón, y en que va a seguir latiendo por vos hasta el último día.
No sé por qué escribo este correo, no sé ni siquiera si voy a mandarlo. Lo que sé es que el trabajo de abrir el corazón es el trabajo de mi vida, conmigo y con lxs otrxs, y ya no me avergüenza decirlo. Eso es lo que vine a hacer, es lo que por momentos desearía ya saber hacer y por otros nunca quiero aprender del todo.
¿Qué hay después de abrir el corazón de verdad? Ya veremos. Por ahora no lo sé bien, solo sé que el camino es luminoso y que yo soy una trabajadora del amor. Si no hay corazón, si no hay amor, que no haya nada.
Un abrazo fuerte, de corazón.
Bárbara
Si algo de esto te resuena, si vos también estás en ese camino de picar el hielo y acercarte a lo que late adentro, este es el espacio donde lo hacemos juntas: Belleza que salva.
Con el plan trimestral accedés automáticamente a la masterclass de Art Life Journal y un descargable con más de treinta propuestas para entrar en canal y diseñar tu vida en tu cuaderno creativo.
Primera sesión en vivo: 17 de febrero.
Nuevo episodio del podcast: #11 Crear con miedo (y crear igual)
Tenemos una voz crítica adentro que nos dice "para qué" antes de empezar. En este episodio te cuento cómo convivo con la mía, por qué nunca se va, y qué hago para seguir creando igual. Y te dejo un ejercicio para transformar tus miedos en posibilidades.
La lista de 36 de Cory Muscara, para quienes sepan inglés (en la traducción se pierden algunas cosas)
36 Lessons for Opening the Heart
You don’t open your heart by forcing it open. You open it by making it safe to soften.
You can spend hours in argument, or you can share one honest, tender truth.
If you can’t be honest, you can’t be intimate.
Most triggers are pointing to hurt that still hasn’t been integrated.
Love softens the fear that causes us to hide.
A closed heart feels like control. An open heart feels like surrender.
You can be kind and still have boundaries.
Resentment is a sign that you abandoned yourself somewhere.
You don’t need to win the argument. You just need to stay open.
The more you accept your imperfections, the less you need to hide.
Hyper-independence is often unprocessed fear of abandonment.
The walls that kept you safe will also keep you lonely.
Real strength is the willingness to feel.
Most conflict is two nervous systems trying to feel safe.
The heart closes in shame and opens in acceptance.
Apologizing doesn’t make you weak. It makes you trustworthy.
When you stop trying to be impressive, you become connectable.
The moment you stop trying to control how you’re perceived, the walls around your heart can relax.
If you can sit with discomfort, it won’t subconsciously direct your life.
You don’t need to fix your emotions. You need to feel them with love.
The part of you that shuts down is trying to protect something tender.
An open heart doesn’t mean trusting everyone. It means trusting yourself.
If you can say, “That hurt,” without doubling down on defensiveness, you’re growing.
The heart closes in comparison and opens in gratitude.
You don’t heal by being positive. You heal by being present with the thing you wish you didn’t have to deal with.
The more you approve of yourself, the less you need applause.
Control is often fear masquerading as logic.
Softening is not weakness. It’s Self-connection.
Openness is not a personality trait. It’s a practice.
The heart closes quickly and reopens slowly. Be patient.
You can outgrow people without villainizing them.
If you’re exhausted, check how much you’re performing.
One of the most courageous things you can say is: “I don’t know.”
You can disagree and still stay open.
You can stay open and still walk away.
You don’t need to become someone new to open your heart.
You need to stop pretending you’re someone you’re not.
Bárbara Duhau
✹ Acompaño mujeres hacia vidas auténticas y creativas
∞ Escritora, creadora y mentora de arte y vida
✧ Filosofía Art+Life | Método ABC








Gracias Bar por estas hermosas palabras, leerte me hizo sentir acompañada en esta bella misión de aperturar corazones. Saludos desde Dublin.
Que potente esta carta Bar ❤️
Si no hay amor, nada vale, nada tiene sentido. Estoy contigo ✨ Gracias por abrir corazones, sin duda es un talento brillante. Te quiero 💕